El Despertar
Radical
El despertar radical es uno de los conceptos claves
de mi experiencia, y representa la activación de ciertas energías de la
conciencia que permiten percibir la completitud del Ser en toda su
magnificencia.
Así como el ser humano adquiere conocimiento por medio de los cinco
sentidos (a través de la percepción) o por medio del pensamiento y la
imaginación (a través de la concepción), los estados trascendentes del
despertar radical, como he llamado a la activación de las energías que
permiten percibir la completitud del Ser en toda su magnificencia,
pertenecen a una categoría por entero diferente, pertenecen a lo que
Franklin Merrell-Wolff ha denominado “introcepción” . Si sólo admitimos
como formas de adquirir conocimiento a las dos primeras, estaremos
indefectiblemente negando los fenómenos inexplicables que se encuentren más
allá de ellas, como las realizaciones místicas a las que me refiero en este
libro. La introcepción no es un conocimiento relacional ni perceptivo, sino
un conocimiento por vía de la identidad, que trasciende tanto al conocedor
como al conocimiento. Es espontáneo y se obtiene por revelación. Y puede ser
buscado o no. Y por “revelación” no me refiero a un conocimiento que nos es
dado por alguien, sino a un conocimiento que se da por sí mismo, que se nos
revela.
A través del tiempo, uno de los grandes errores de la ciencia (que así se
transforma en cientificismo) ha sido el de utilizar sus herramientas para
explicar y racionalizar todos los fenómenos, incluso los místicos, cuando
deberíamos tener absolutamente en claro que cada categoría de conocimiento
—la percepción, la concepción y la introcepción— son diferentes, y por lo
tanto deberían ser explicados en función de sus propias reglas. No hacerlo
nos conduce necesariamente a un error de categorías. Así como no podemos
explicar la abstracción de la matemática utilizando sólo los sentidos, ni
tampoco lo que se siente al escuchar a Mozart utilizando únicamente el
conocimiento, igualmente erróneo es, por lo tanto, intentar explicar las
experiencias místicas de los estados trascendentes sin más herramientas que
la percepción y la concepción. Una vez más caeríamos en un error de
categorías. La sensación, la razón y la contemplación revelan cada una sus
propias verdades en sus propios ámbitos, y cuando intentamos explicar alguna
de ellas solamente con los parámetros de las demás incurrimos en un error
cuyo único resultado es una reducción de la visión última y verdadera.
Todo mi libro
"Caminando sobre la luz" narra mis
sucesivas experiencias místicas de casi 30 años, las cuales culminan en el
despertar radical, objetivo fundamental y último de la realización
espiritual de
todo individuo.
El Amor Incondicional
A
lo largo de todo el vasto proceso que me condujo al despertar radical, pude
comprender que una de las amalgamas fundamentales del proceso es el concepto
de Amor Incondicional, entendiendo esto como el acto intemporal de creación
en su máxima completitud, donde cada ser explota su esencia pura inmaculada
y totaliza la esencia misma de la que está hecho Dios. ¿Es esto algo que
podamos hacer? De hecho es algo que somos.
El
problema fundamental radica en que cuando nos hacemos concientes del
concepto lo degradamos; de la pureza pasamos a la impureza, y el concepto se
desvanece en su forma más pura, y se nos escurre como agua entre las manos. A medida que crecemos, cada uno de
los complejos con los que nos vamos recubriendo asemejan las diferentes
capas de una cebolla, y de esta manera nos alejamos de forma lenta y
constante del concepto verdadero y puro. El amor incondicional nos es por lo
tanto inaccesible desde el hacer. Intentar desarrollarlo nos sumerge en la
paradoja. Muchas escuelas pregonan la práctica de un amor idílico y
adolescente cargado de enormes fantasías y una falta de realismo que
asombra, no es este el concepto al que me refiero. Para entender el amor
incondicional debemos comprender que intrínsecamente no existen seres
humanos superiores a otros en estos aspectos. El amor incondicional es la
capacidad, a determinado nivel energético de la conciencia, de percibir que
los otros no son un objeto solamente, es la capacidad de sentir que no
existe la tajante separación sujeto-objeto tal como la vivenciamos en los
niveles bajos de energía, es la fusión de los conceptos en el todo creador
que es su origen primigenio. Y esta identidad de completitud con los demás y
con Dios es la única clave para la comprensión espontánea del amor
incondicional, y se obtiene por revelación. Y a esta revelación, y esto es
fundamental, no se llega solamente por gracia, sino también por un acto de
volición, se accede mediante el despertar radical.
Una vez que hayamos abordado el primer paso, es decir, lo que yo he
denominado “el desarrollo del amor incondicional”, podemos atrevernos a dar
el segundo:
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El segundo paso
radica en reconocer que la aptitud para refinar la energía (en lugar
de únicamente incrementarla) exige un grado de compromiso con el amor
incondicional y su realización directa. El amor es la gran fuerza
transmutadora capaz de tomar cualquier patrón energético-existencial
fijo y permitir que se resuelva en una armonía a escala mucho mayor.
Si el amor incondicional no es el centro desde el cual se consagra
nuestro Ser, la capacidad para alterar y trasmutar energías puede
convertirse en otra manipulación más del poder del yo. |
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Richard Moss |